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El cabo Noval
El cabo Noval
Antonio Muñoz Degraín (València, 1840 - Málaga, 1924)
Luis Noval Ferrao (1887-1909), cabo del Regimiento de Infantería del Príncipe n.º 3 en la segunda Guerra del Rif, protagonizó una heroica muerte el día 28 de septiembre de 1909 en la defensa del Zoco el Had de Beni Sicar, zona de gran importancia estratégica, a unos pocos kilómetros de Melilla.
A las dos y media de la madrugada de ese día, Noval se encontraba haciendo la guardia del campamento cuando, debido a la falta de visibilidad al estar la luna oculta por las nubes, se alejó más de lo debido del perímetro del mismo. De repente, fue atacado por un numeroso grupo de moros que lo condujo hasta las alambradas del campamento, con la intención de hacerse pasar por soldados españoles y penetrar en su interior. Cuando ya estaban próximos a una de las entradas, el cabo Noval gritó: «¡Tirad, que vengo entre moros! ¡Fuego! ¡Viva España!», dando así la voz de alarma para salvar a sus compatriotas, que abrieron fuego y rechazaron al enemigo. Hecha la descubierta al amanecer, se encontró el cadáver del heroico soldado abrazado a su fusil, con la bayoneta calada ensangrentada y junto a él los cadáveres de dos moros.
Por su comportamiento heroico, al cabo Noval se le concedió a título póstumo la Cruz de 2.ª Clase Laureada de San Fernando, la máxima condecoración al valor que entonces se concedía a la tropa, por Real Orden de 19 de febrero de 1910.
Conocidos los hechos, un sentimiento de exaltación patriótica corrió por todo el territorio español. Así, por suscripción popular se levantó en 1912 un monumento al Cabo Noval, esculpido por Mariano Benlliure, en la Plaza de Oriente de Madrid, frente al Palacio Real, y otro en el cuartel del Regimiento del Príncipe, en Oviedo, en 1945.
En València también se proyectó un monumento homenaje al Cabo Noval y a los héroes valencianos de la guerra del Rif, cuya primera piedra fue colocada por Su Majestad el rey Alfonso XIII en 1910. El proyecto, que no pasó de los cimientos, fue realizado por el arquitecto Vicente Rodríguez, e incluía esculturas en granito, mármol y bronce realizadas por los jóvenes escultores Francisco Marco y Vicente Navarro.
En este ambiente de patriotismo, Muñoz Degraín llevó la gesta del cabo Noval a la pintura. En su obra, el artista representa el momento del grito del cabo lanzado a los suyos en señal de aviso, luchando a su vez contra los moros que le asedian y le hieren mortalmente. Noval aparece en el centro de la composición, herido de muerte y atacado por soldados enemigos. El cabo mantiene su mirada hacia el campo de batalla y comprueba cómo sus soldados luchan cuerpo a cuerpo con las tropas enemigas. Junto a él, caídos en el suelo, yacen dos cadáveres enemigos, mientras que el héroe aún tiene fuerzas para estrangular a otro que ha quedado atrapado en la alambrada con la cabeza hacia atrás.
El colorido, tan diferente de la exaltada visión propia de Muñoz Degraín, está aquí fuertemente condicionado por las exigencias descriptivas del argumento representado, que como se ha indicado sucedió de noche cerrada.
Por esta obra, Muñoz Degraín consiguió la medalla de Honor de pintura en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1910.
El Museo de Málaga conserva un dibujo realizado a tempera, aguada y lápiz de esta obra, uno de los pocos bocetos sobre papel que hay de Muñoz Degraín en el que se aprecia su habilidad como dibujante.
Inscripciones: «MUÑOZ DEGRAIN 7 IX 1910» (Firmado y fechado. Ángulo inferior derecho)
Datación:
1910
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Dimensiones:
277 x 420 cm
Número de inventario:
933
Procedencia:
Donación de Antonio Muñoz Degraín (1913)